Lynskey y su «una décima parte»: las series de éxito aún ocultan quién cobra qué
El mito de un fan de 200.000 dólares por episodio, una realidad de 20.000 y la queja de Holland Taylor muestran que hablar de dinero sirve más que una circular de transparencia salarial.
Foto: Spencer Fornaciari of The MacGuffin / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)
¿Cuánto crees que ganaba la vecina de una serie de éxito de la CBS que duró 12 años? Si tu respuesta lleva muchos ceros, enhorabuena: crees en el mismo mito que acaba de llevar a Melanie Lynskey a escribir en un comentario de Instagram que «este número disparatado circula por internet». La cifra estaba equivocada por un factor de diez. Lo interesante es por qué nadie podía saberlo.
El mito dice más que la nómina
Va la versión corta. Un fan afirmó que Lynskey cobraba 200.000 dólares por episodio en Two and a Half Men. El 25 de octubre ella respondió que cobraba «literalmente una décima parte de esa cifra por episodio», según informa E! News. Eso son 20.000 dólares, con una subida del 5 % cada temporada y, según recuerda ella, un cheque máximo de unos 43.000 dólares en la última temporada. También señaló que más de la mitad de sus episodios llegaron en las dos primeras temporadas y que, entre representantes, agentes e impuestos, te quedas con más o menos el 50 % de la cifra de titular. Según un recuento, apareció en 63 de los 262 episodios de la serie.
Ahora, la opinión. Lo más revelador no son los 20.000 dólares. Es que una fantasía de seis cifras circulara por la red como si fuera de dominio público. Los sueldos de Hollywood se tratan como folclore: serie de éxito, cara famosa, así que serán millones. Nadie fuera de la sala lo sabe, y quienes están dentro han tenido pocos motivos para contarlo.
Ese vacío no es neutral. Cuando el público da por hecho que todo el mundo en un éxito es rico, un cheque de 20.000 dólares parece un error de redondeo y la brecha entre un protagonista y un secundario se vuelve invisible. Esa suposición, pensamos, protege a quienes fijan las cifras.
El sueldo de un secundario habla de poder de negociación, no de talento
Lynskey fue cuidadosa, y creemos que esa cautela merece respeto. Dijo que «no era mi serie» y que le parecía bien lo que le pagaban. Dijo también que estaba muy agradecida, porque ese dinero le permitió pagar una hipoteca pequeña y las facturas y seguir trabajando en cine independiente. Es una lectura perfectamente razonable de un trabajo que llegó tras años de lucha y que, en aquel momento, para ella era un sueldo «enorme».
Pero la gratitud y la justicia pueden ser ciertas a la vez. La misma historia incluye una segunda voz: la de Holland Taylor, que dijo en Alchemy with Anthony Mason que en la serie cobraba lo mismo que había ganado en otra unos ocho años antes y que, pese a cuatro nominaciones a los Emmy, «nunca me subieron el sueldo. Normalmente lo hacen». Si pones los dos relatos uno al lado del otro, en nuestra opinión aparece un patrón. Sospechamos que, en una serie construida alrededor de sus protagonistas, hasta los secundarios más aclamados tenían poca capacidad de negociación. Es una inferencia nuestra, no algo que ninguna de las dos dijera.
Nuestra lectura: no es un escándalo sobre una sola comedia. Probablemente sea la arquitectura normal de la televisión, donde a quienes salen en el cartel se les paga como a una franquicia y a todos los demás como a una buena oferta. Lo inusual es que dos de ellas hablaran en voz alta de sus sueldos con pocos días de diferencia.
La transparencia no llega por decreto, llega cuando alguien da el primer paso
La propia explicación de Lynskey es la frase que hay que recordar: «Si Holland habla de ello, yo también hablo». Creemos que así se contagia la transparencia salarial en el mundo del espectáculo. No mediante un informe, sino porque una persona respetada rompe el silencio y otra se siente lo bastante segura para seguirla.
Hay límites. Dos datos no son un conjunto de datos, y no sabemos qué cobraban los protagonistas porque las informaciones no lo dicen. La propia Lynskey negó cualquier rencor hacia Charlie Sheen y Jon Cryer, así que esto no debe leerse como una disputa. Y buena parte del público seguirá creyendo la cifra grande, porque un mito es más divertido que una nómina.
Aun así, creemos que el efecto se acumula. Cada personaje público que da una cifra real, con las comisiones de los agentes y los impuestos incluidos, facilita la siguiente conversación al actor que se siente a la próxima lectura de guion. Además, da a los fans una imagen más honesta de lo que significa ser «actor en activo», algo que ella resumió bien: es «muy, muy difícil ganarse la vida».
Aplaude a los actores que dicen la cifra
Tómatelo como una victoria pequeña pero real. En esta serie, al menos, la cifra inflada sobre una actriz secundaria era falsa, y el relato de Taylor sugiere que sus frustraciones salariales eran reales. Corregir el mito y poner nombre al agravio es justo lo que consigue hablar abiertamente de dinero. Si quieres más transparencia en Hollywood, no esperes a que un estudio la ofrezca por voluntad propia. Aplaude a los actores que cuentan lo que cobraron y desconfía la próxima vez que una cifra viral suene demasiado glamurosa para ser una nómina.
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