El sueño de Diana en Malibú dice más de nosotros que de ella
La reiterada afirmación de que Diana planeaba empezar de cero en California con sus hijos funciona mejor como creación de un mito que como revelación.
Foto: Tucker, Robert John, 1948-2023 / Wikimedia Commons (CC BY 4.0)
¿Por qué una mujer que murió en 1997 sigue recibiendo finales nuevos? A la princesa Diana le asignan de vez en cuando una vida alternativa, y una de las favoritas tiene hasta código postal: Malibú. Los titulares hacen lo de siempre: nos invitan a imaginar a los hijos, la casa en la playa y esa versión de la historia en la que todos salieron a tiempo.
Qué hay realmente sobre la mesa
La afirmación es fácil de resumir. The Daily Mail escribe que, según varios amigos de la princesa, ella estaba pensando en mudarse a Estados Unidos antes de su muerte en 1997, y añade que «se ha dicho» que quería instalarse en la finca de Dodi Fayed en Malibú. El mismo artículo describe seis dormitorios, una pista de tenis y una piscina. La versión de Elle Italia suma a Guillermo y Enrique a la escena, y en su página aparece entrecomillada la frase «Nessuno giudica qui in America» («aquí, en Estados Unidos, nadie juzga»).
Fíjate en la gramática de todo esto. «Se ha dicho». «Según amigos». Vanity Fair, en su favor, lo plantea como una pregunta: ¿planeaba Diana mudarse a Los Ángeles para empezar una «nueva vida» con Dodi al-Fayed? Una pregunta es el registro honesto aquí. En el material del que disponemos, las pruebas son recuerdos de segunda mano y una visita guiada a una propiedad inmobiliaria.
Una mansión no es un plan
Creemos que la casa hace la mayor parte del trabajo. Una propiedad se puede fotografiar, y una propiedad fotografiada parece una prueba. Pero una villa con piscina demuestra que existe una villa. No nos dice qué pretendía nadie, y mucho menos qué habrían querido o podido hacer dos niños. Nada de lo que hemos visto lo resuelve, y desconfiaríamos de cualquier medio que asegure lo contrario.
Hay además una cuestión: quién ya no puede responder. Diana no puede confirmar, matizar ni poner los ojos en blanco ante el «dicen los amigos». Así que la historia puede crecer en la dirección que más satisfaga al público, y al público le gusta una forma en concreto: la huida. Palacio, prensa, tristeza y después sol y anonimato.
Por qué seguimos queriendo este final
Esta es la parte que nos resulta más interesante que la casa. La historia de Malibú es un consuelo. Nos permite creer que su último capítulo fue un comienzo y no una interrupción. También halaga al presente, porque presenta a Diana como alguien que se habría anticipado a la salida de la vida real que más tarde protagonizó su hijo menor. Es una idea pulcra y, además, convenientemente infalsable.
Fíjate también en cómo encaja el relato con la actualidad. Esta semana Hola informa de lo que el hermano de Diana dice que ella habría querido para Guillermo y Enrique en medio de su distanciamiento. No podemos garantizar los detalles de esa pieza más allá de su titular. Pero el patrón está claro: Diana se usa como brújula moral para disputas familiares que nunca vio. Lo que «habría querido» es un cheque en blanco, y cada cual lo cobra para su bando.
Nuestro veredicto
Lee la historia de Malibú como folclore y disfrútala como tal. Bien puede contener un grano de verdad: es posible que unos amigos la oyeran hablar de California. Es plausible, y no sostenemos lo contrario. Pero lo plausible no está probado, y la hipotética mudanza de una mujer fallecida no debería reclutarse para las disputas reales de hoy.
Si quieres respetarla, resiste la tentación de terminar su historia por ella. La versión en la que se marchaba a la costa es tan incognoscible como aquella en la que se quedaba. Lo más útil que puede hacer un lector ante un titular así es fijarse en quién sale ganando con que se reescriba el final, y a veces somos simplemente nosotros, disfrutando de las vistas.
Aún no hay temas: abre el primero.
Más noticias
Faith Evans pierde 12,5 millones: un nombre famoso exige cuentas claras
Un juez de Delaware obliga a Faith Evans a entregar 12,5 millones de dólares al fideicomiso de la madre de Biggie. La lección: los legados se sostienen con papeles, no con sentimientos.
El «Qué fue de…» español es menos cotilleo que un abrazo colectivo a los años 90
La Lourdes de Concha Cuetos vuelve a los titulares, y lo que de verdad se ve es cuánto echa de menos España un recuerdo televisivo compartido, más que un regreso.
Stevie Wonder y el desahucio: en el amor, los papeles van antes que el anillo
Una promesa verbal, una escritura a nombre de otro y 38 años en el limbo: el pleito entre Stevie Wonder y Carmen Efferson muestra lo caro que sale el amor sin papeles.
Patrick Stewart hizo que la autoridad sonara amable, y por eso lo lloramos
El capitán Picard y el profesor X eran jefes a los que habríamos seguido a cualquier parte. Patrick Stewart supo dar al mando una voz cálida, y por eso esta pérdida se siente tan personal.



