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Redacción Trendsfera
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El Día de Muertos vuelve a EE. UU. y la alegría es la protesta

Tras cancelar sus actos en 2025, varias ciudades los recuperan pese a las detenciones del ICE. Demuestran que la fiesta nunca fue tristeza: la alegría en tiempos oscuros es el sentido.

Publicado
31 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Nikita / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

¿Qué haces con una fiesta sobre la muerte cuando los vivos tienen miedo de salir de casa? El año pasado, muchos organizadores estadounidenses respondieron cancelando. Este año, algunos responden volviendo a encender las luces.

Según The Guardian, tras cancelar sus actos en 2025, ciudades de EE. UU. como Henderson, en Kentucky, recuperan las celebraciones públicas del Día de Muertos aunque las detenciones del ICE continúan. La historia sigue a Julia, una joven de 19 años nacida en EE. UU. cuyos padres son inmigrantes mexicanos indocumentados. A su familia le encantaba acudir cada año a la celebración de Henderson y vender allí aguas frescas, horchatas y pan dulce. El año pasado montaron una ofrenda, con flores y un violín, para su abuelo, que tocaba ese instrumento y murió en 2023 en México.

El miedo que hay detrás de las cancelaciones es fácil de entender. Uno TV informó de que en San Antonio, Planet K suspendió un festival que llevaba dos décadas organizando porque no quería reunir a la comunidad en medio del temor a los operativos de inmigración. Y Telemundo recogió el testimonio de una mujer llamada Diana, en Texas, que pone ofrendas a sus padres y a su hermano, pero solo en casa, por miedo a las detenciones migratorias.

Cancelar fue prudencia; recuperar la fiesta es la verdadera tradición

No vamos a juzgar a quien se quedó en casa. Proteger a las personas es una razón perfectamente válida para renunciar a un festival. Pero conviene fijarse en lo que las cancelaciones admitían sin decirlo: que una celebración de la memoria podía apagarse solo por el miedo.

La propia fiesta apunta en dirección contraria. Como explica el medio mexicano Abriendo Brecha, México no celebra la muerte, sino la memoria, el amor y el recuerdo, y la trata con ironía, música y color. El humor como forma de mantener viva una identidad cultural forma parte de la tradición. Un Día de Muertos que solo susurra es un Día de Muertos al que le falta su propia gramática.

Así que cuando un pueblo de Kentucky recupera la fiesta, no lo vemos como un gesto de desafío añadido a un festival popular. Lo vemos como el festival funcionando tal como fue concebido. Nuestra opinión: aquí la alegría no es una distracción de los tiempos oscuros, sino el argumento contra ellos.

La resistencia no necesita megáfono

La palabra «resistencia» se usa demasiado, así que vayamos con cuidado. Una mesa con cempasúchil y un plato de pan de muerto no es una manifestación, y las familias que la ponen en su mayoría solo honran a sus difuntos. Pero ambas cosas se solapan. Según la edición en español del LA Times, este año hay previstas más de 60 acciones en todo EE. UU. para honrar a personas que murieron bajo custodia migratoria o en incidentes con agentes federales de inmigración, con altares, velas y vigilias que exigen respuestas. En Washington D. C., grupos de defensa de los inmigrantes se han reunido con mariachis, altares y flores para rendir homenaje a los llamados «desaparecidos por el ICE», según describe Quadratín.

Fijaos en el formato. Mariachis en un homenaje. Flores junto a una exigencia de responsabilidades. No creemos que sea un descuido de tono. Parece una cultura que aprendió hace mucho que el duelo y la fiesta pueden compartir mesa, y que un pueblo en luto que se niega a dejar de cantar es más difícil de ignorar que uno callado.

Lo que esto dice del resto

Hay aquí un espejo incómodo. El Universal define la fiesta, reinterpretada por los migrantes, como un espejo en el que EE. UU. se ve a sí mismo, reflejando tanto su diversidad como sus fronteras internas. Añadiríamos que la fiesta se ha convertido también en una prueba de estrés sobre quién puede reunirse en público sin calcular el riesgo.

La visión cínica es que esto es otra estética otoñal mercantilizada, con calaveras junto a los caramelos de Halloween. Ese mismo fin de semana, muchos medios publican listas de picnics, conciertos de coros y encuentros en parques, y la normalización tiene sus defectos. Pero defendemos que la visibilidad amplia protege: cuantos más vecinos acudan a un acto del Día de Muertos, más difícil será tratar como invisibles a quienes lo crearon.

Nuestro veredicto

Si hay un acto del Día de Muertos cerca de ti, ve, y ve como invitado, no como espectador: compra las aguas frescas, lee los nombres del altar, quédate a la música. Las ciudades y organizadores que han recuperado los actos merecen reconocimiento, y también quienes tomaron la difícil decisión de quedarse en casa el año pasado. Pero la lección de 2026 es sencilla. Los muertos no tienen miedo, y una fiesta construida sobre reírse en su compañía tampoco debería tenerlo.

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