Cantamos el estribillo de Lauren Bennett durante años y casi no sabíamos nada de ella
La muerte de Bennett a los 36 años no habla del precio de la fama, sino de cómo el pop recuerda el estribillo y olvida a la persona, y de por qué el cuidado debe durar más que la nostalgia.
Foto: Adam Bielawski / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
¿Cuántas de las personas que han coreado "Party Rock Anthem" en una boda sabrían decir el nombre de la mujer que canta el estribillo? Esa pregunta incomoda esta semana, y debe incomodar.
Lauren Bennett murió el 29 de mayo a los 36 años. Una vista en el tribunal de forenses de Kent y Medway, celebrada el viernes 30 de octubre, concluyó que se quitó la vida, según informa el Irish Mirror. La encontraron cerca de su casa en Meopham, Kent. El tribunal escuchó que en enero había sufrido una grave crisis de salud mental, que estuvo ingresada varios días en un hospital y que estaba bajo atención especializada de salud mental cuando murió.
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El éxito sobrevivió a la persona que le puso voz
El currículum es de los que al pop le gusta recitar. La canción, una de las más grandes de 2011, llegó al número uno en las listas de Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Irlanda y Australia. Antes llegaron Paradiso Girls y "Patron Tequila"; después, G.R.L. Su padre contó que empezó a actuar profesionalmente a los 12 años y firmó un contrato discográfico a los 17 y, en una declaración leída ante el tribunal, que se mudó a Estados Unidos sola.
Detengámonos un momento en esa cronología. Una niña artista se convierte en una adolescente con contrato y luego en una joven que levanta su carrera en otro país, con un estribillo global pegado a su nombre. Y, aun así, los titulares de esta semana la llaman sobre todo "la cantante de Party Rock Anthem". Creemos que esa expresión lo dice todo. La canción es el producto y la persona, la línea de créditos. La fama de este tipo, la de la voz invitada en el pelotazo de otro, es la más cruel: enorme reconocimiento para la obra y casi ninguno para el ser humano.
Cuidado con la moraleja fácil
Sería sencillo convertir esto en una parábola sobre una industria que se come a los suyos. Lo que consta en el tribunal no lo respalda, y no deberíamos hacer como si lo hiciera. Nada de lo contado sobre la vista atribuye su muerte a la fama, a las listas de éxitos o al negocio del pop. Su padre habló de una "vida increíble". Ella y su marido, Kenny Wormald, abrieron una academia de baile en Los Ángeles y más tarde volvieron al Reino Unido con su hija. Las declaraciones ante el tribunal también apuntaron a que le habían diagnosticado síndrome del X frágil.
Lo que sí muestra lo ocurrido es un sistema de atención bajo escrutinio. RadarOnline informa de que su padre dijo que meses antes había tenido una reacción grave a un medicamento recetado y que, en su opinión, "los profesionales médicos y los servicios del NHS no la trataron de forma adecuada en el momento en que más lo necesitaba". Es la opinión de una familia en duelo, no una conclusión del tribunal, y así lo señalamos. El tribunal sí oyó que ocultó sus intenciones, incluso a los clínicos que la trataban; un miembro del equipo de Intervención Temprana en Psicosis dijo que no reveló ningún plan de hacerse daño. Su marido afirmó que, aunque hablaba con franqueza de sus dificultades, nunca dio señal alguna de esto.
Ese detalle importa para nuestro argumento. Significa que el "cuidado posterior" no es una fórmula mágica. Nadie puede prometer que más atención habría cambiado el desenlace, y no vamos a insinuarlo.
El cuidado es un hábito, no un hashtag
Entonces, ¿qué queda del argumento? La distancia entre lo alto que celebramos y lo bajito que preguntamos cómo estás. La cultura pop es magnífica para la nostalgia: la lista de reproducción retro, el artículo de "qué fue de ellos", la publicación de homenaje cuando salta la noticia. Es mucho peor en el trabajo aburrido y sin brillo que hay entre medias, como tratar a los antiguos astros del pop como personas normales que quizá estén pasando por algo, y hablar de salud mental antes de que tenga que hacerlo una vista judicial.
Hay además un eco siniestro. Radar añade que su excompañera en G.R.L. Simone Battle también se quitó la vida, en 2015. Dos muertes en el mismo grupo es algo que no estamos capacitados para explicar, y no lo intentaremos. Pero es motivo suficiente para que discográficas, representantes y público dejen de tratar el paso de un grupo por las listas como si fuera toda la historia.
Nuestro veredicto: el duelo que llega solo con el titular sale barato. Si esta semana suena "Party Rock Anthem", cántala, por supuesto. Y después, a nuestro juicio, haz lo menos pegadizo. Aprende los nombres que hay detrás de los estribillos que te gustan y pregunta cómo están esas personas de tu vida cuya vida parece un resumen de mejores momentos. El estribillo siempre sobrevivirá. Las personas necesitan algo más que eso.
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