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Redacción Trendsfera
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Defender tu propia cara ya es una partida fija del presupuesto de los famosos

Los famosos pagan miles de euros al mes para borrar falsificaciones de sí mismos hechas con IA. Es el nuevo estilista y prueba que el derecho a la imagen se ha vuelto un lujo.

Publicado
26 de octubre de 2026
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3 min
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Foto: minds-eye / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

Estilista, entrenador, publicista y ahora una suscripción a gente que borra vídeos que nunca has grabado. Mantener la fama siempre ha sido caro, pero la última partida del presupuesto es la más extraña: pagar para que internet deje de ponerte palabras en la boca.

Cómo es la factura

Según el medio español Que.es, que cita a Mujerhoy, los famosos pagan ya desde 3.000 euros al mes a empresas que rastrean y eliminan falsificaciones hechas con IA. Ese sería el precio de entrada en Los Ángeles. La firma de la que todo el mundo habla es Loti AI, que, según esa misma información, fundó hace dos años Luke Arrigoni y que protege ya a unas 20.000 personas, entre famosos, directivos y militares. Dice que rastrea unos 600 millones de contenidos al día a partir de fotos y clips de audio del cliente. El objetivo es detectar una falsificación en un plazo de tres días. Pasado ese tiempo, en palabras del fundador, «el daño no se puede evitar».

En España, añade la información, el modelo es distinto: unos 400 euros por cada contenido eliminado, sin vigilancia permanente. Conviene tomarlo todo como el relato de un solo medio sobre una industria joven, no como una tarifa auditada.

No es un capricho, y ahí está la clave

Un estilista hace que te veas mejor. Quien limpia deepfakes evita que parezcas otra persona. Es otro tipo de gasto, más cercano a un seguro o a la seguridad que al glamour.

Pensamos que es racional, y los hechos apuntan en esa dirección. The Guardian cuenta que Taylor Swift, Oprah Winfrey, Kim Kardashian, Gwyneth Paltrow y Tom Hanks han sido víctimas de deepfakes para promocionar productos. La investigadora Alice Marwick explica por qué: hay cientos de horas de material suyo en la red con el que alimentar un modelo. Para alguien cuyos ingresos dependen de su cara, un respaldo falso no es una molestia. Es una fuga en el negocio.

También creemos que hablar de «gasto fijo» es acertado, y algo sombrío. Fijo significa que no se acaba nunca. Incluso cuando se elimina una falsificación, apunta el Guardian, a menudo aparece otra en su lugar. Este problema no se resuelve. Se alquila una solución, de forma indefinida.

Lo importante es quién no puede pagarlo

Aquí la tesis necesita un matiz. La necesidad llega claramente más allá de la alfombra roja. Dudamos, sin embargo, de que una suscripción de 3.000 euros llegue a ser un producto de consumo masivo.

La prueba está en el artículo del Guardian: la creadora de estilo de vida Emily Schuman, con más de 500.000 seguidores en Instagram, se encontró en un anuncio patrocinado de una empresa de la que nunca había oído hablar, creado a partir de un selfi que había publicado años antes. Lo calificó de «tan violento». Es una creadora, no una estrella de cine respaldada por un estudio, y a nuestro juicio los creadores de su tamaño son justo donde se abre la brecha entre quienes pueden pagar este tipo de protección y quienes no.

La misma lógica vale para la vía legal. Matthew McConaughey y la empresa de Taylor Swift han presentado solicitudes de marca que cubren cosas como una frase característica, una imagen y su iconografía, según TM Express. Es una jugada inteligente para quien tiene abogados a mano. También es un recordatorio de que, por ahora, proteger tu imagen significa recomprarla pieza a pieza.

Mientras tanto, a nuestro juicio, las plataformas apenas asumen coste alguno. El artículo de Que.es señala que X es la red más reacia a borrar contenido falso. Y ya en febrero de 2024, una abogada citada por la CBC, Molly Reynolds, describía a las plataformas ante una «cuestión de obligaciones morales frente a obligaciones legales». Esa descripción no ha envejecido mal. Mientras no cambie el marco legal, una factura privada tapa el agujero.

Nuestro veredicto

Hay que ver la suscripción de 3.000 euros como un síntoma, no como un producto que admirar. Cuando el derecho a tu propia imagen depende de tu presupuesto, el sistema ha convertido sin hacer ruido una protección básica en un servicio de lujo.

Para los famosos, pagar es sensato. Para el resto, el consejo práctico no tiene glamour: saber con qué rapidez se propagan las falsificaciones, denunciar pronto y no tomar un clip viral como prueba de nada. Para legisladores y plataformas, el mensaje es más directo: si eliminar un contenido lleva días y cuesta miles de euros, no es una protección. Es un peaje.

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