Vuelve Ali G, y la prueba real es si la sátira aún puede dar en el blanco
El regreso de Sacha Baron Cohen apuesta por que la comedia de bromas pueda sobrevivir a una era de indignación impostada. Las primeras señales apuntan al público como objetivo, con veredicto dividido.
Foto: User Dr Zak on en.wikipedia / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
¿Cómo se embosca a gente que ya está enfadada antes de que hayas dicho una palabra? Ese es el enigma que hay en el centro del regreso de Ali G, y resulta más interesante que los propios chistes de la película.
Ali G: Who Iz I?, de Sacha Baron Cohen, llega hoy, 23 de octubre, a los cines de la mano de Amazon MGM Studios. Según Variety, se rodó en secreto, como Borat y Brüno, y supone su debut como director. La acogida hasta ahora no es amable: el recuento de Wikipedia recoge una puntuación de 36 sobre 100 en Metacritic y un 50 % de críticas positivas en Rotten Tomatoes. Además, el estreno en cines se ha recortado, primero a una semana y después a tres días en 125 salas.
La indignación llegó antes que la película
Aquí viene lo ingenioso. Según The Hollywood Reporter, el filme ya ha desatado un «ciclo de metaindignación en toda regla», con una campaña de boicot incluida, y su trama presenta a un némesis progresista de Ali G, también interpretado por Baron Cohen, que intenta cancelarlo por apropiación cultural. El chiste se está juzgando en público antes de que nadie haya comprado una entrada.
Es tan astuto como un poco sospechoso. A nuestro juicio, un satírico cuya premisa es «te vas a indignar, y ese es el remate» ha montado una máquina que se beneficia de cualquier reacción. ¿Te ofendes? Prueba de que el blanco es real. ¿Te encoges de hombros? Prueba de que el blanco está agotado. Es un diseño de «cara gano yo, cruz pierdes tú», y merece escepticismo.
El Ali G de antes tenía una diana fácil; este tiene una más difícil
El análisis de The Guardian sostiene que la comedia de personajes necesita un entendimiento compartido del fenómeno social del que se burla. A finales de los noventa, apunta, la cultura callejera negra era lo bastante nueva en la corriente dominante británica como para que Ali G diera de lleno en la diana. Hoy ese consenso ha desaparecido. El mismo texto cita al cómico Dane Baptiste, que califica el regreso de retroceso de «25 años».
Esas objeciones son serias y no las despacharíamos como simple ruido de la cultura de la cancelación. Si un hombre blanco con acento caribeño-británico puede seguir leyéndose como una burla del imitador blanco, y no de la cultura imitada, ya se discutía también entonces.
El planteamiento del propio Baron Cohen es que quiere exponer «el extremismo de ambos lados del espectro político y el peligro de la violencia virtuosa». Bien. Pero fíjate en lo que implica. El único objetivo viable en 2026 no es un político al que se pueda engañar para que diga una tontería. Es el espectador que ha decidido de antemano qué debe significar el chiste. El regreso funciona, si es que funciona, solo cuando deja en evidencia los reflejos del propio público, incluido el placer de ver cómo a alguien lo «destrozan».
Entonces, ¿puede la sátira seguir golpeando?
Creemos que sí, pero no con el método de siempre. La sátira de bromas dependía de un sujeto desprevenido. Ahora todo el mundo actúa, y la cara famosa necesita disfraces sobre disfraces, como dice The Guardian. El momento genuino y sin guardia escasea, así que la comedia tiene que pasar del «te pillé» a una incomodidad que implica a quien ríe. Es más difícil, y las críticas tibias sugieren que aquí quizá no se logre.
Desconfía también del relato heroico. Baron Cohen dice a THR que esta será la última comedia de guerrilla que haga, pero la revista señala que lleva años diciéndolo. Tómatelo como marketing, no como una promesa.
Nuestro veredicto: ve a verla si te pica la curiosidad por saber si el género tiene pulso, y juzga la película, no el boicot ni el contraboicot. Si el chiste solo te hace sentir superior a quienes están al otro lado, ha fracasado. Si te hace removerte en la butaca por tu propia risa, Ali G sigue siendo peligroso.
Aún no hay temas: abre el primero.
Más noticias
Tom Skerritt y la autoridad tranquila que Hollywood no supo reemplazar
Los papeles de Skerritt en Alien, Top Gun y Picket Fences defendieron al actor de autoridad discreta, un perfil para el que el estrellato actual casi no deja espacio.
La duda de Jenna Ortega sobre Miércoles es lo que la hace creíble
La protagonista del mayor éxito de Netflix en inglés dice que aún no entiende su triunfo. Esa duda resulta más creíble que cualquier alarde y avisa de lo poco fiable que es el instinto de los famosos.
Llorar a Dolly entre lentejuelas: el homenaje de los CMA, duelo como evento de marca
El homenaje de los CMA a Dolly Parton fue en parte concierto y en parte alfombra roja. Creemos que su legado, con sus libros y su generosidad, merece más que un vestido bien etiquetado.
El chiste de los Sprouse sobre el incesto muestra cuándo el exceso de confesiones se vuelve en tu contra
La broma de Dylan Sprouse sobre su árbol genealógico y la reacción de Cole se convirtieron en titulares en pocos días: la franqueza de los famosos se recorta y se vende en su peor versión.



