Tom Skerritt y la autoridad tranquila que Hollywood no supo reemplazar
Los papeles de Skerritt en Alien, Top Gun y Picket Fences defendieron al actor de autoridad discreta, un perfil para el que el estrellato actual casi no deja espacio.
Foto: Alan Light / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
¿Quién interpreta al que manda cuando nadie en la sala necesita gritar? Durante décadas, la respuesta fue Tom Skerritt, y su muerte a los 93 años es un buen momento para fijarnos en lo poco que se oye ya esa pregunta.
Primero, los hechos. Skerritt murió el miércoles por causas naturales, según informó su familia en un comunicado, tal y como cuenta ABC7 Chicago. Era el actor ganador de un Emmy que encarnaba a una figura de autoridad sólida y socarrona, en palabras de ese obituario: el instructor de vuelo de "Top Gun", el sheriff duro pero justo de "Picket Fences", el capitán condenado de "Alien". Rolling Stone señala que su carrera abarcó siete décadas, desde apariciones episódicas en televisión en los años sesenta hasta su despegue en "MAS*H", de Robert Altman, en 1970.
El jefe que no necesita el foco
Fíjate en los tres papeles que lo definen. Dallas, en "Alien", es el capitán, y todo el motor de terror de la película depende de que el público confíe un poco en él antes de que se lo arrebaten. El comandante Mike "Viper" Metcalf, en "Top Gun", es el adulto en una película llena de fanfarronería, el hombre que tiene que hacer que una sala de ases le escuche sin pavonearse más que ellos. El sheriff Jimmy Brock, en "Picket Fences", le valió un Emmy en 1993 al mejor actor protagonista de una serie dramática, por ser el centro estable de un pueblo muy extraño.
Ninguno de estos papeles es llamativo. Ahí está la clave, a nuestro juicio. La autoridad en pantalla es sobre todo cuestión de economía: la pausa, la frase seca, la mirada que dice que ya ha visto esto antes. Skerritt la tenía de sobra, y hacía que todos los que lo rodeaban lucieran más.
Sabía perfectamente lo que era
Skerritt parecía entender su propio nicho. En 1997 contó al Seattle Post-Intelligencer que un guionista lo describió una vez como "un actor de carácter encerrado en el cuerpo de un galán", y añadió que siempre le había encantado. Esa frase es un pequeño manifiesto. Pasó de la televisión al cine sin considerar ninguna de las dos un paso atrás y construyó una obra, más de 170 producciones según el recuento de Wikipedia, en lugar de una marca.
Eso es lo que el estrellato moderno lleva peor, o eso nos parece. La economía actual parece premiar el rostro de franquicia o el personaje viral, mientras que la figura veterana, fiable y ligeramente divertida se trata como mobiliario. Creemos que es una pérdida. Las películas siguen necesitando un comandante creíble, un padre creíble, un sheriff creíble, y, en nuestra opinión, la carencia se nota cuando se elige a alguien por su fama y no por su peso. Es una valoración, no una estadística, pero la defendemos.
Lo de fuera de la pantalla encaja con lo de dentro
El comunicado de la familia destaca su humor, su curiosidad y su generosidad, y señala trabajo concreto. Skerritt ayudó a fundar TheFilmSchool en Seattle y cofundó el Red Badge Project, que ayuda a veteranos a afrontar el TEPT, la ansiedad y la depresión escribiendo y compartiendo sus experiencias. Antes de dedicarse a la interpretación, también había servido cuatro años en la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Un hombre que dio vida a tantos responsables de otras personas, al parecer, dedicó un esfuerzo real a responsabilizarse de los demás. Esa coherencia es rara y merece mencionarse.
Nuestro veredicto
Resiste la tentación de reducirlo a una respuesta de trivial sobre "Top Gun". Mira "Picket Fences" o el primer acto de "Alien" y fíjate en lo poco que hace y en cuánto llega. Luego pregúntate por qué la industria tiene tan pocos actores capaces de hacer lo mismo. La carrera de Skerritt es el mejor argumento que conocemos para poner al callado al mando, y para recordar que quien mantiene unida la escena rara vez es el que sale en el cartel.
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