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Curimomos: el chiste es malo a propósito, pero el daño no lo es

Las cuentas «curi» de los institutos españoles esconden burlas dirigidas tras dibujos deliberadamente cutres, y los adultos llegan cuando la publicación ya ha circulado.

Publicado
22 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Solen Feyissa / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

¿Cuál es el disfraz perfecto del acoso? Un dibujo tan feo que nadie pueda tomárselo en serio. Ese es el genio silencioso, y el peligro silencioso, de los «curis» que se extienden por los centros escolares españoles: cuanto peor el garabato, mejor la coartada.

Los curis son cuentas anónimas de TikTok (algunas también en Instagram), normalmente con el nombre de un centro, donde el alumnado publica memes cutres, al estilo MS Paint, sobre la vida en clase. Según informa Heraldo, varios institutos y colegios concertados de Zaragoza han avisado a las familias de la existencia de cuentas anónimas que ridiculizan a profesores y estudiantes. El Gobierno de Aragón ha alertado a la Policía Nacional.

En Málaga, según El Español, la policía ha confirmado al menos una denuncia y una investigación abierta. A veces se nombra a los profesores con nombre y apellidos, y algunas publicaciones usan fotos reales tomadas en clase. Fuentes policiales de allí distinguen además entre la preocupación que generan estas cuentas y la cuestión de si todo ello tiene consecuencias penales.

El formato es la coartada

El término viene de «curimomos», un estilo de meme nacido hace unos diez años en grupos de Facebook en español, según Málaga Hoy. La estética era la parodia absurda, en la que ser tonto era el objetivo. Esa herencia importa, porque da a cada publicación una defensa preparada: «es solo una broma, mira qué mal está dibujado».

Creemos que esa defensa es justo lo que hace tan escurridiza la tendencia. Un chiste que solo entienden quienes están dentro del centro no es realmente un chiste para el público. Es un mensaje para una audiencia concreta sobre una persona concreta. La prensa local describe cómo un rasgo físico, una muletilla o una anécdota conocida bastan para identificar a alguien sin citar su nombre. El humor funciona cuando la víctima puede reírse también. Aquí, a menudo, ni siquiera sabe quién está detrás de la cuenta.

Además, el anonimato forma parte del juego. Según El Español, los titulares de las cuentas bromean con que pierde el primero al que desenmascaren y expulsen, y algunos centros tienen dos o tres perfiles rivales. Suena menos a sátira y más a competición, con profesores y compañeros como premio.

No es nuevo, y esa es la verdadera acusación

Hay que tener cuidado con el pánico moral, eso sí. El propio personal de los centros señala que esto no es nuevo: una directora citada por La Voz del Sur recordaba años de cuentas anónimas de cotilleos antes de la llegada de los curis. Diario de Mallorca lo compara con principios de la década de 2010, cuando Tuenti y otras redes ayudaron a normalizar el acoso anónimo en internet.

Esa es la parte incómoda. Si es una secuela, ¿por qué todos los centros parecen sorprendidos? Graciela Romero, presidenta de la asociación andaluza de directores Asadipre, dijo a Málaga Hoy que aún no han entendido a qué se enfrentan. Mientras tanto, algunos profesores malagueños afirman que no tienen tanto tiempo como les gustaría para hacer de policías fuera del aula. A los centros solo les queda enviar cartas, cerrar cuentas y ver cómo aparece un clon: en un colegio de Mallorca cerraron dos de las tres cuentas y desapareció la más popular, pero sigue activo un imitador que dice ser el original.

Nuestra lectura: la respuesta es reactiva por diseño. Los centros solo pueden actuar cuando el daño es visible, la policía cuando hay una denuncia, y las plataformas, según la documentación, aparecen sobre todo como el lugar donde todo esto sucede, más que como un actor. No encontramos nada en las fuentes sobre lo que hace la propia TikTok, y ese silencio forma parte de la historia.

La línea se traza en la persona, no en el garabato

No todos los curis son una campaña de acoso, y tratar cada garabato como un delito sería un error. La sátira adolescente existe. Pero la línea es fácil de formular, aunque los adolescentes no la vean: cuando una publicación nombra, fotografía o señala a una persona real sin su consentimiento, deja de ser un meme.

Nuestro veredicto: la culpa no es de un estilo de dibujo. Es de un sistema en el que resulta fácil crear cuentas anónimas con el nombre de un centro, mientras que la respuesta solo arranca cuando el daño ya está hecho. Las familias deberían hablar del derecho a la propia imagen antes de que lo haga la policía. Los centros deberían publicar normas claras, como hizo uno de Coín al subrayar que el respeto no es opcional. Y las plataformas deberían explicar públicamente con qué rapidez actúan cuando un centro se lo pide. Hasta entonces, la broma seguirá cayendo sobre otro.

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