Tinto Brass convirtió el deseo en una firma y nadie lo ha sustituido
La muerte de Brass a los 93 años no es solo un obituario: recuerda que el cine erótico tuvo autores y que el contenido explícito, gratis e infinito, no ha dado ninguno.
Foto: Gorupdebesanez / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
¿Eres capaz de nombrar a un solo director del contenido explícito de hoy? No una plataforma, no un intérprete: un director, con una mirada reconocible, una obra y enemigos poderosos. Que la pregunta suene absurda es, a nuestro juicio, el mejor obituario que podría tener Tinto Brass.
Brass murió en Roma la mañana del 4 de noviembre, a los 93 años. Su mujer, Caterina Varzi, y sus hijos, Bonifacio y Beatrice, se lo comunicaron a ANSA, y la familia ha pedido que el funeral sea estrictamente privado. Nació como Giovanni Brass en Milán en 1933, estudió Derecho, trabajó en la Cinémathèque française de París y fue ayudante de Roberto Rossellini antes de debutar como director en 1963.
Su etapa erótica es la que recuerda el mundo, desde "La chiave" en 1983 hasta "Miranda", "Paprika" y "Così fan tutte". Los titulares internacionales, como es lógico, abren con "Caligula", que The Guardian describe como un intento de hacer una película pornográfica de masas con un reparto de estrellas, encargada por el productor Bob Guccione. Es lo menos interesante de él.
Brass fue un autor antes que un provocador
Lo que olvida la nostalgia: Brass no empezó con el sexo. Su debut chocó con la censura y él respondió rebautizando la película como "Chi lavora è perduto" ("Quien trabaja está perdido"), lo que afiló la pulla política. Antes del erotismo hizo comedias, wésterns y películas de aire vanguardista, y trabajó con Alberto Sordi y Monica Vitti.
Eso importa porque explica por qué sus películas eróticas se reconocen de un vistazo. El erotismo no era su modelo de negocio; era el lenguaje al que llegó tras probar otros. Los obituarios italianos repiten la palabra "autore" y, por una vez, el tópico parece merecido. Se podía distinguir una película de Brass entre muchas, igual que un fotograma de Wes Anderson.
Gratis e infinito no es lo mismo que libre
La tesis cómoda dice que hemos ganado algo: las imágenes explícitas están a un clic, sin censor ni copias requisadas. "Caligula" fue, según la prensa italiana, secuestrada por obscenidad y enredada en problemas judiciales. Nadie echa eso de menos.
Pero creemos que el intercambio fue desigual. La censura daba al cine erótico algo en juego: el director tenía que defender una visión, sostenerla ante un tribunal y hacer algo que mereciera la pena. La abundancia eliminó la lucha y, con ella, la necesidad de un punto de vista. Cuando todo está disponible, nada necesita firma. El contenido explícito actual está optimizado para ser encontrado, no para ser recordado, y por eso no podemos nombrar a sus directores.
Eso sí, no lo canonicemos a ciegas
Una columna honesta debe añadir la salvedad. Como apunta Movieplayer, sus películas lograron un gran público, pero también alimentaron el debate sobre cómo retratan el cuerpo femenino. Esa discusión fue real en vida suya y no debería evaporarse en los panegíricos. Su obra posterior, al menos según un obituario italiano, también funcionó peor que la racha que arrancó con "La chiave".
Aun así, ser discutible es justo el punto. El mismo medio cierra diciendo que nunca tuvo mucho interés en que todos estuvieran de acuerdo. Hoy pocas cosas las hace alguien dispuesto a dividir la sala a propósito.
Qué hacer con su muerte
La coincidencia más bonita es que, como cuenta Quotidiano del Sud, Venecia eligió una versión restaurada en 4K de su thriller de 1967 "Col cuore in gola" para la noche previa a la inauguración de su 83.ª edición, el 1 de septiembre. Los periodistas de cine italianos le concedieron además el Premio Pietro Bianchi, que Varzi recogió en su nombre porque él no pudo asistir por motivos de salud. La redescubierta ya está en marcha.
Nuestra recomendación: olvida las reposiciones del escándalo de "Caligula" y empieza por el thriller restaurado, y después "La chiave". Júzgalo como cineasta, con sus defectos incluidos. Si el autor erótico está de verdad extinguido, lo mínimo que le debemos es mirar su obra en serio.
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