La mano cortada de Heidi Klum gana Halloween porque tiene un chiste
La mano izquierda gigante de Klum y el mapa de asientos de Ticketmaster de Lily Allen muestran que el Halloween de los famosos premia el concepto y no el dinero: gana el punto de vista.
Foto: Digitas Photos / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
¿Qué hace falta para ganar Halloween cuando juega todo el que tiene un publicista y un estilista? Pues no, resulta que no es un presupuesto mayor. Los dos disfraces más comentados de este año han sido una mujer convertida en su propia mano cortada y una estrella del pop vestida de plano de asientos.
El primero, cómo no, es el de Heidi Klum. En su 25.ª fiesta anual en Nueva York, el 31 de octubre, se presentó como una réplica gigante y recién cortada de su propia mano izquierda, según cuenta Newsweek, con líneas de la palma, anillos enormes y un tatuaje con el nombre de su marido en el dedo anular. Dijo que tardó entre cinco y seis horas en meterse dentro y que lo más difícil fue cargar con ella. El segundo es el de Lily Allen que, según NME, se burló de las ventas de su gira por Estados Unidos disfrazándose de un mapa de asientos de Ticketmaster lleno de entradas sin vender.
El disfraz ya no es un disfraz, es un pitch
Fíjate en lo que tienen en común. Ninguno es «un personaje». Cada uno es una idea que se explica en una frase, y ahí está la clave. «Fue de su propia mano» y «fue de puntos azules» viajan más rápido que cualquier pie de foto. El Halloween de los famosos se ha convertido, sin hacer ruido, en un concurso de conceptos de contenido, y el jurado son los feeds, no los invitados a la fiesta.
Klum lo entendió mucho antes que los demás. Su propia explicación de la idea es casi un briefing creativo: miró su mano y se preguntó si su cuerpo cabría dentro. Los años anteriores, según Newsweek, fue una lombriz de tierra que quería que fuera «inusual, absurda y un poco asquerosa», después E.T. y después Medusa. El hilo conductor no es la casquería. Es una premisa.
El oficio sigue importando, pero es solo la entrada
No seamos ingenuos: la mano exigió meses de trabajo de un equipo, y ella bromeó con que hicieron falta «muchas manos para hacer esta mano». El look de E.T. necesitó, al parecer, un año de preparación y unos 30 artistas de efectos especiales. Es mucho dinero y mucho trabajo, y en nuestra opinión explica por qué Klum se lleva la corona. Pero nadie recuerda un disfraz porque las prótesis fueran caras. Lo recuerdan porque la ejecución estaba al servicio de una idea clara y algo retorcida.
El look de Allen defiende justo lo contrario. No sabemos cuánto costó, y cuesta imaginar que se acercara al equipo de Klum. Aun así funcionó porque llevaba un punto de vista: un chiste sobre su propia gira, dirigido a la máquina de venta de entradas de la que a todo el mundo le encanta quejarse. El resumen de NewsBreak cuenta que tuvo que reducir el aforo de varios recintos en el tramo de otoño de su gira por Norteamérica. Convertir el hecho incómodo en el disfraz es un golpe inteligente de autoironía. Desarma la historia antes de que la escriba otro.
La carrera armamentística tiene una trampilla
El riesgo de una carrera por el espectáculo es confundir «atrevido» con «bueno». Martha Stewart es la advertencia de este fin de semana. Variety informa de que su disfraz de persona sin hogar provocó duras críticas, de que borró la foto de Instagram y de que dijo que su intención era concienciar. Tenía un concepto y, podría decirse, un punto de vista. Lo que le faltó fue un chiste dirigido al blanco adecuado. Allen apuntó a su propia situación y a una corporación; el disfraz de Stewart se leyó como una burla hacia quien está peor. La intención, como demuestra su comunicado, no edita la reacción.
Así que este es nuestro veredicto. Si eres famoso, o simplemente alguien con una fiesta y un móvil, copia el método, no la escala. Busca una premisa que puedas decir en una línea, asegúrate de que el chiste sea a tu costa o a costa de algo poderoso, y luego apuesta por ello a fondo. La mano de Klum es magnífica porque es a la vez una proeza de ingeniería y un muy buen gag. El mapa de asientos de Allen es magnífico porque es solo un gag, y con eso bastó.
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