La disculpa de Martha Stewart llegó tarde: la «concienciación» no justifica el chiste
Stewart dijo que su disfraz de persona sin hogar buscaba concienciar y luego admitió que fue insensible y nada gracioso. La segunda declaración fue la honesta.
Foto: ADunwoody07 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Se puede concienciar sobre el hambre poniéndose maquillaje de suciedad, agarrando un cartel de cartón y publicándolo junto a un anuncio de velas? El fin de semana de Martha Stewart sugiere que no, y que ella también acabó dándose cuenta.
Esto es lo que pasó. El sábado 31 de octubre, Stewart, de 85 años, publicó una foto con la ropa rota y la cara manchada, sosteniendo un cartel que decía «TENGO HAMBRE, AYÚDENME». Estaba dentro de un carrusel de Instagram que promocionaba sus velas de QVC, con el texto «¡Mis velas de QVC son perfectas para Halloween!», según informa el Sydney Morning Herald. La publicación se borró, pero las capturas de pantalla ya circulaban. Su primera declaración decía que el disfraz pretendía «generar más conciencia» sobre las personas sin hogar y que le angustiaba que la gente se hubiera ofendido. No incluía una disculpa.
Horas después rectificó. En un mensaje posterior en su Instagram, citado por Fox News, escribió: «Es difícil admitir cuando has metido la pata de verdad. Mi declaración anterior no fue lo bastante lejos». Calificó el disfraz de «insensible y nada gracioso» y dijo que lo sentía «muchísimo».
La «concienciación» es la coartada de todos
La primera declaración es la interesante, porque sigue un guion que conocemos bien: haces algo que sienta mal y después le asignas con efecto retroactivo un propósito noble. El problema es que la concienciación necesita un mecanismo. Alguien tiene que aprender algo, dar algo o hacer algo de otra manera.
Nada de eso se veía aquí. Como señala IBTimes, no nombró las organizaciones benéficas que dice apoyar, no aclaró si el disfraz estaba vinculado a alguna recaudación de fondos y no hay pruebas confirmadas de que formara parte de una campaña solidaria. Si además añadimos el reclamo comercial de las velas, la «concienciación» empieza a parecer una etiqueta colocada a posteriori. No podemos saber qué pensaba y no vamos a fingir que lo sabemos. Pero la lectura del público, que lo explicó solo cuando la gente dejó de reírse, era fácil de hacer.
El chiste iba contra quien no debía
Un disfraz es un chiste, y todo chiste tiene una diana. Heidi Klum, ese mismo fin de semana, fue de mano gigante cercenada, una fantasía macabra que no se burla de nadie. Su fiesta de Halloween es un caso de estudio de que los mejores disfraces son absurdos, ambiciosos y no apuntan a nadie en concreto.
La diana de Stewart era una persona sin techo, interpretada por alguien con una fortuna que las fuentes sitúan entre 400 y 570 millones de dólares. Las fuentes no coinciden en la cifra, y una de ellas señala que no está verificada de forma independiente. Aun así, nadie discute que son «cientos de millones». Esa distancia es todo el problema. Ponerse la pobreza por una noche solo está al alcance de quien puede quitársela.
Tampoco son cuestiones abstractas. Según un informe del Congressional Research Service citado por IBTimes, 745.652 personas estaban sin hogar una sola noche de enero de 2025, y 266.320 de ellas carecían de refugio. Para ellas, el cartel no es un accesorio.
Sus defensores dijeron que la gente es «susceptible» y que «es Halloween». Entendemos el impulso, y Halloween se supone que es una licencia para hacer el tonto. Pero una licencia para hacer el tonto no es una licencia para cebarse con los más débiles, y «es una broma» solo funciona si las personas retratadas están en el secreto.
La disculpa es lo que merece copiarse
Hay que reconocerlo: la segunda declaración fue mejor que la mayoría de las disculpas de famosos. Nombra el error, deja las excusas y no nos pide que sintamos pena por su disgusto. Creemos que la primera declaración hizo más daño que la vida posterior del disfraz en Reddit, porque pedía al público que aceptara una racionalización. La segunda simplemente decía «nada gracioso».
Hay también una lección en el contexto comercial. No podemos saber quién vio este disfraz antes de que se publicara, pero parece que nadie con voz en la empresa evitó que una marca con el alcance y los recursos de Stewart combinara un cartel de mendicidad con la promoción de unas velas. Un crítico señaló que ella tiene el equipo creativo y el presupuesto para cualquier disfraz que quiera, y a nuestro juicio el que eligió fue de los menos imaginativos de todos. Si nadie lo advirtió, es un fallo de proceso, no solo personal.
Nuestro veredicto
Los disfraces de famosos necesitan una prueba sencilla: ¿de quién es el chiste? Si la respuesta es un grupo de personas en crisis, cambia de disfraz. Las buenas intenciones no son una defensa, y la «concienciación» no es un remate. Si quieres ayudar a quienes pasan hambre o no tienen casa, nombra la organización, dona el dinero y deja el cartel de cartón en casa.
Stewart acabó en el lugar correcto, pero dio un rodeo enorme. La lección para el resto, y para los publicistas del próximo octubre, es saltarse la primera declaración y dejar escrita de antemano la segunda.
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