Patrick Stewart hizo que la autoridad sonara amable, y por eso lo lloramos
El capitán Picard y el profesor X eran jefes a los que habríamos seguido a cualquier parte. Patrick Stewart supo dar al mando una voz cálida, y por eso esta pérdida se siente tan personal.
Foto: Peabody Awards / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
¿Por qué la muerte de un actor al que casi ninguno conocimos en persona se siente como una llamada de un familiar? En el caso de Patrick Stewart, la respuesta es casi vergonzosamente sencilla: se pasó décadas interpretando al jefe que todos querríamos tener.
Primero los hechos, brevemente. Stewart murió a los 86 años el miércoles en su casa de Los Ángeles, según un comunicado de su familia recogido por RTVE. La familia explicó que falleció tras lo que describió como un "breve y emotivo viaje" con el alzhéimer y la demencia con cuerpos de Lewy, con su mujer, Sunny, a su lado. Los homenajes llegaron en cuestión de horas, desde Marvel Studios hasta William Shatner o el Huddersfield Town, el club al que apoyó toda la vida.
La voz hacía el trabajo que el traje no podía
Piensa en lo improbable que parecía sobre el papel. Según El Mundo, Stewart llegó a California en 1987 siendo prácticamente un desconocido. No era trekkie, y hasta Gene Roddenberry dudaba de que un inglés calvo empapado de Shakespeare pudiera capitanear una nave estelar. Se equivocaron los dos. Lo que Stewart aportó no fue una mandíbula cuadrada ni un aire de fanfarrón. Fue un barítono entrenado durante unos quince años en la Royal Shakespeare Company.
Nuestra opinión es que ahí está todo el truco. La televisión está llena de comandantes que ladran. El Picard de Stewart persuadía. Hacía que la autoridad sonara como algo en lo que podías confiar tu peor día, que es muy distinto de temerla. Cuando Shatner dice que Picard "representaba lo mejor de nosotros, y también el hombre que lo interpretó", describe algo poco frecuente: un líder de ficción y un actor cuyas reputaciones se reforzaban en lugar de chocar.
Xavier era Picard con silla de ruedas y una escuela
El segundo papel demuestra que no fue suerte. El Mundo señala que Charles Xavier era, en algunos aspectos, un papel parecido al de Picard. Un mentor, un diplomático, alguien que gana la discusión siendo la persona más serena de la sala. La propia despedida de Marvel elogia la "serenidad, clase y sabiduría" que dio al personaje. Kevin Feige lo recordó como "brillante, encantador, cálido, generoso, con una fuerza tranquila y gravitas".
¿Es encasillamiento? Quizá, pero nosotros lo llamaríamos firma. El cine de superhéroes se construye sobre el poder: quién golpea más fuerte, quién vuela más alto. El Xavier de Stewart insistía en que la persona más poderosa de la historia era la que escuchaba. Probablemente no sea casualidad que esa se convirtiera en la versión del mentor que una generación absorbió sin darse cuenta.
Las figuras que reconfortan también se hacen de autoironía
Aquí viene la parte que se pierde cuando convertimos a los muertos en mármol. Stewart no era estirado. La larga carrera que repasa Hipertextual incluye Robin Hood: Men in Tights, de Mel Brooks, la voz del narrador en las dos películas de Ted y, sí, la voz del emoji de la caca en The Emoji Movie. Un actor con tanta gravitas que acepta algo así te está diciendo algo: la autoridad nunca fue una pose que necesitara proteger.
Eso, en nuestra opinión, es lo que hacía que la calidez pareciera real. Confiamos en las personas con poder que saben reírse de sí mismas, y la disposición de Stewart a hacerlo es la razón por la que Picard nunca resultó frío. Encaja también con el retrato que dibuja el comunicado familiar, que subraya su activismo a favor de las supervivientes de violencia doméstica, los refugiados, la salud mental de los veteranos y los pit bulls en acogida. La biografía que hay detrás del barítono es una infancia obrera en Mirfield, Yorkshire, y la violencia de un padre que más tarde convirtió en activismo. Vista así, la calma parece menos una técnica de interpretación y más algo ganado a pulso.
Qué hacer con el duelo
Hay una nota al pie agridulce. Avengers: Doomsday, de Marvel, prevista para diciembre, será ahora su última aparición en pantalla a título póstumo, y lo reunirá con su amigo Ian McKellen, según Hipertextual. Hace apenas unos meses dijo a TV Insider que no se imaginaba retirándose oficialmente: "Siempre y para siempre seré actor". Es la frase que duele, porque suena a promesa que nadie pudo cumplir.
Nuestra recomendación es poco glamurosa. No te limites a publicar el clip del "Make it so". Elige uno de los dos papeles, mira un episodio o una película de principio a fin y fíjate en lo pocas veces que levanta la voz. Fíjate en cuánto consigue, aun así. La lección de su carrera es que los líderes que merece la pena echar de menos nunca fueron los más ruidosos de la sala. Stewart pasó seis décadas demostrándolo, y que perderlo se sienta como perder a alguien de la familia da buena medida de cuánto lo necesitábamos.
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