Celebrity Traitors demostró que los buenos pueden ganar un juego de mentiras
Dos Faithfuls se reparten 83.000 libras y el público aplaude. Pero la final también dejó ver un programa que se pregunta si tanta calidez lo vuelve demasiado cómodo.
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Ojo, spoilers. ¿Qué pasa cuando un programa construido sobre la traición termina con dos hombres abrazándose y confesando que ambos son honestos? Pues, al parecer, que internet llora de alegría. Esa fue la escena del viernes por la noche, cuando los Faithfuls Romesh Ranganathan y Sebastian "Bash" Croft ganaron la segunda temporada de The Celebrity Traitors y se repartieron el bote.
Los hechos: perdieron los Traitors y a mucha gente le encantó
Según Metro, el bote final fue de 83.000 libras para fines benéficos. Los Traitors Maya Jama y King Kenny habían asesinado a Michael Sheen antes de la última mesa redonda. Después, Maya fue desterrada, y Kenny dio el voto decisivo contra su compañero Traitor. En el tramo final salieron Leigh-Anne Pinnock y luego Kenny. James Blunt insistió en una votación más, que también lo mandó a casa y dejó solo a Romesh y Bash. Los dos eran Faithfuls, así que el dinero se dividió.
La reacción de los fans fue cálida. Un espectador citado por Metro escribió: "Tengo lágrimas en los ojos. La pareja perfecta para ganar. Me encanta el cariño entre Romesh y Bash". El propio Bash dijo que "podría ser el mejor día de mi vida".
Ganó la calidez, pero sin exagerar
La tesis tentadora es que el público prefiere ahora la amabilidad a la crueldad. Nosotros creemos que solo es cierta a medias. El año pasado, como informa Express, Alan Carr ganó como Traitor y se llevó todo el bote. La final de aquella edición fue la emisión de televisión más vista del Reino Unido en 2025, con un pico de 12 millones de espectadores en directo. Nadie castigaba entonces la traición. El público premió a un villano al que adoraba.
Así que la lección no es que los buenos ganen a los malos. La audiencia premia el encanto, y el encanto puede ser taimado o dulce. Alan era un mentiroso adorable. Romesh y Bash fueron unos supervivientes adorables. El hilo común es que queremos que el ganador nos caiga bien. El jugador cruel y calculador rara vez ha sido a quien animamos, en este programa o en casi cualquier otro.
Ayuda también que sea un formato benéfico. Aquí nadie se embolsa el dinero, y cuando va a buenas causas, la victoria de los Faithfuls se siente como un regalo colectivo y no como un atraco. Si ganan los Traitors, los Faithfuls se van con las manos vacías. Si ganan los Faithfuls, se reivindica la bondad de todos. Es lógico que caiga tan bien.
La calidez tiene un coste: la temporada resultó demasiado educada
No a todo el mundo le gustó. El titular de la crítica de The Independent calificó la final de "un desenlace anticlimático para una segunda temporada frustrante", y el de The Guardian hablaba de "audiencias por las nubes para una serie sin brillo". Un titular no es un argumento completo, y no vamos a fingir que sabemos qué dicen los artículos más allá de ellos. Pero apuntan a una tensión real. Un juego que depende de la sospecha se vuelve más soso cuando sus jugadores son tan agradables.
Hay indicios de ello en los propios acontecimientos de la temporada. James Acaster, un Traitor reticente, le dijo al grupo que era Traitor antes de que lo votaran para salir. Algunos fans se enfadaron porque eso influyó en la mesa redonda, y otros lo defendieron. Su propia explicación, según Metro, fue que se recordó a sí mismo que los jugadores "no tienen juego" si nadie hace de Traitor. Es una idea preciosa y, a la vez, algo alarmante para un programa cuyo motor es el engaño. Cuando los villanos piden perdón de antemano, el drama se diluye.
Nuestro veredicto: disfruta del brillo, pero exige Traitors más afilados
El final feliz estuvo bien ganado. Bash y Romesh fueron, en palabras de un redactor del directo de Metro, "jugadores astutos de principio a fin". Fue una final bonita y humana. Y además se convirtió en una pequeña chispa de guerra cultural, porque Express cuenta que algunos espectadores se enfurecieron con las organizaciones benéficas de refugiados que eligieron los ganadores. La calidez, al parecer, solo es universal hasta que alguien lee la lista de causas.
Nuestro consejo a la BBC es sencillo. Que sigan fichando a gente a la que queremos, pero que metan a unos cuantos que mientan sin un panegírico del juego. Las mejores temporadas de este formato probablemente necesitan al menos un Traitor que no lo sienta. Dejadnos animar a los buenos, pero haced que suden para conseguirlo.
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