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Redacción Trendsfera
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El viaje de la reina Sofía a Armenia: la diplomacia discreta gana a las relaciones públicas

Un viaje fuera de agenda, un primer ministro que despliega la bienvenida y una salida rápida por respeto: la emérita hace soft power mejor que la maquinaria programada.

Publicado
29 de octubre de 2026
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3 min
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Foto: Robert Viñas/ Malacañang Photo Bureau / Wikimedia Commons (Public domain)

¿Cuál es el diplomático más eficaz de la monarquía española? No el que tiene gabinete de prensa, comitiva de coches y un posado perfectamente conjuntado. Quizá sea una mujer de 87 años que voló a Armenia en un viaje que, según La Vanguardia, era privado y no figuraba en la agenda institucional de la Casa del Rey.

Un viaje «privado» con todo el protocolo

La reina Sofía aterrizó en Ereván el martes 27 de octubre para una visita que se prolongaba hasta el 29. Aunque no tuviera etiqueta oficial, la recibió en el aeropuerto la ministra armenia de Educación y Cultura, Zhanna Andreasyan, y después la atendió el primer ministro, Nikol Pashinyan. Según el comunicado del Gobierno armenio, elogió la hospitalidad del país.

El motivo principal del viaje era el Premio Internacional Príncipe Talal para el Desarrollo Humano, en cuyo comité participa. La ceremonia quedó eclipsada por el accidente ferroviario de Urda, en Toledo. La Vanguardia cuenta que vistió de luto, se sumó a un minuto de silencio y abandonó la sala antes de la entrega de los premios, tras no más de veinte minutos, en línea con la decisión del Rey de suspender su actividad oficial.

La etiqueta «privado» es todo el truco

Un viaje calificado de privado no obliga a presentar un comunicado, un resultado concreto ni un titular. Y, sin embargo, el primer ministro de un país la invita a comer, comparte en redes sociales un vídeo del encuentro y habla de estrechar lazos entre Armenia y España. Es un chollo: máximo acceso, mínima exposición.

Creemos que ahí está el verdadero activo. Un viaje real programado tiene que justificarse: itinerario, acompañamiento del Gobierno, lectura política de cada apretón de manos. Una visita que «no existe» en la agenda oficial puede limitarse a ser cálida. El anfitrión se encarga de que cuente, y la Corona no tiene que firmarlo.

Ayuda también que la emérita llegue con una credencial que ningún comunicado de prensa puede fabricar: décadas de presencia constante. La parte armenia la trató como a una invitada a la que honrar. Como cuenta Directo al Paladar, eso se tradujo en ramos con un número impar de flores, una mesa de fruta fresca de temporada y una comida basada en las costumbres armenias de hospitalidad. Si se suma la visita a Geghard, un monasterio declarado patrimonio de la UNESCO, todo sigue el guion del anfitrión. A ella solo le tocaba aceptar, y aceptar bien la hospitalidad es en sí una habilidad diplomática.

Su mejor momento fue la salida

La imagen más reveladora del viaje quizá sea la más breve. Con España en luto oficial, no convirtió la ceremonia en una oportunidad para la foto. Asistió al minuto de silencio, escuchó los agradecimientos de los premiados y se marchó. Su delegación también cambió los esmóquines previstos por trajes oscuros y corbata, según apunta La Vanguardia.

Eso es criterio, y el criterio es justo lo que la mayoría de las estrategias de comunicación real intentan simular sin conseguirlo. Saber leer una sala no se programa.

Hay una salvedad. El soft power construido sobre una sola persona es frágil, y esa persona tiene 87 años. La Vanguardia señala que sigue manteniendo una agenda intensa: los Premios Princesa de Asturias con su nieta la semana pasada y un concierto benéfico en Tenerife previsto para el viernes. Admirable, pero no es un plan de sucesión. Apoyarse en la emérita como el rostro más fiable de la Corona también dice algo incómodo sobre los rostros de todos los demás. Es lectura nuestra, no algo que sostengan las crónicas.

El veredicto

Nuestra opinión: la lección no es «mandemos a Sofía a todas partes». Es que la credibilidad de la Corona parece crecer allí donde pide menos atención. La institución debería estudiar lo que ha funcionado aquí: poco anuncio, mucha hospitalidad y retirada rápida cuando el país está de duelo. Copiar el método, no a la persona. Porque el día que se retire el activo de soft power, las relaciones públicas programadas tendrán que hacer el trabajo solas, y, a la vista de lo visto, no son la mitad más fuerte de la operación.

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