Cuando BTS tiene que pedir que no empujen, el plan de seguridad ya ha fallado
Que Jimin y RM suplicaran a las primeras filas en La Plata no es un escándalo de fans. Es la señal de que la seguridad en los megaconciertos se delega en quienes corren el riesgo.
Foto: Carolin von Petzholdt / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)
Una pregunta incómoda: si una banda de siete superestrellas tiene que parar el concierto para decirle a la primera fila que no se deje aplastar, ¿quién se suponía que debía encargarse de eso? La respuesta fácil, la que ya circula por internet, es «los fans». Nosotros creemos que esa respuesta es errónea y un poco perezosa.
Qué pasó en La Plata
BTS abrió su serie de tres conciertos en Argentina en el Estadio Único Diego Armando Maradona de La Plata, ante más de 53.000 personas, según TNT Sports. Durante el concierto, Jimin advirtió de que, si el público empujaba hacia delante, las personas de la primera fila podían correr peligro. Después, RM dijo al público que todos estaban empujando, que no podían seguir así y que «en un abrir y cerrar de ojos» la situación podía volverse peligrosa.
El momento se hizo viral y provocó una polémica entre los fans por el hecho de que los miembros tuvieran que pedirlo. Una publicación en redes describe el concierto como interrumpido por la peligrosa presión junto a las vallas. No podemos verificar ese detalle más allá de esa publicación, así que conviene tomarlo con cautela.
La devoción no es una estrategia de control de multitudes
La noche ponía fin a una espera de 13 años. Infobae describe a fans que llegaron de toda Argentina y también de Costa Rica, Ecuador y México, algunos de madrugada para asegurarse un sitio, esperando bajo el frío y la lluvia. Eso no es una turba. Son miles de personas que llevan años ensayando este momento en su cabeza.
Mete esa emoción en una zona abarrotada frente al escenario y, a nuestro juicio, la física hace el resto. Nadie en las filas de atrás ve cómo aprietan a los de delante; solo ven que el escenario se acerca. Pedir a cada individuo que resista una oleada colectiva es como pedirle a una persona en un río caudaloso que se quede quieta. Las buenas intenciones no escalan.
Fíjate también en el tono de la petición de los artistas. RM elogió a Buenos Aires por inteligente y amable y dijo creer que la gente podía simplemente dejar de empujar. Es un gesto elegante, y también parece admitir que la única herramienta que quedaba en el recinto era la persuasión.
Promotores y artistas son responsables de este riesgo
Nuestra opinión: cuando una gira llena estadios a esta escala, el control del público forma parte del producto, no es un detalle de cortesía. El diseño de las vallas, el flujo de entrada, el aforo por sector, personal formado para detectar la presión a tiempo y la autoridad para parar un concierto antes de que la banda se sienta obligada a hacerlo. Todo eso es responsabilidad de los organizadores. Cargar el peso sobre fans que hicieron cola desde el amanecer y dejar que internet los culpe invierte la rendición de cuentas.
Eso no convierte a los miembros en villanos, ni mucho menos. Parar para hablar fue lo correcto, un gesto de cuidado. Pero que la voz de los artistas sea el freno de emergencia sugiere que el sistema previo puede tener lagunas. Una súplica desde el escenario solo funciona cuando el problema ya es visible, y para entonces alguien de la primera fila quizá ya esté en apuros.
Hay también una objeción razonable: los fans tienen capacidad de decisión y la petición funciona mejor cuando el público escucha. Claro. La responsabilidad personal y la estructural pueden ser ciertas a la vez. Pero solo una de ellas la puede arreglar una empresa de venta de entradas, y no es la que se debate en los comentarios.
El veredicto
Es muy posible que el megafandom haya superado el control de multitudes diseñado para él, y La Plata es un ejemplo claro. Con más conciertos en el calendario, la respuesta útil no es un hilo condenando a ARMY. Son cambios visibles: mejor gestión de la zona frente al escenario, comunicación más clara y organizadores que traten el «por favor, dejad de empujar» como un informe de fallo, no como un aviso rutinario. Si BTS tiene que repetirlo en otro concierto, los avergonzados deberían ser los responsables.
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